Cuando se me olvida, vuelvo a recordar el cuento de "El niño pequeño" que me enseñaron mis compañeras educadoras ambientales.
Había una vez un niño pequeño que, como a todos los niños pequeños, le llegó la hora de ir a la escuela. La escuela era grande y tenía cuatro paredes, muchos pupitres con sus sillitas y hasta una gran pizarra con tizas de colores. La profesora, que no era ni vieja ni joven, ni alta ni baja, dijo:
Había una vez un niño pequeño que, como a todos los niños pequeños, le llegó la hora de ir a la escuela. La escuela era grande y tenía cuatro paredes, muchos pupitres con sus sillitas y hasta una gran pizarra con tizas de colores. La profesora, que no era ni vieja ni joven, ni alta ni baja, dijo:
- ¡Hoy vamos a dibujar!
- ¡!!!!Bieeenn!!!!
pensó el niño pequeño. Como a el le encantaba dibujar, pintaría leones, tigres,
tortugas y hasta un cohete espacial, dibujaría tractores, camiones, teteras y
hasta un bonito caballo con sombrero rojo.
- Espérense, que les diré qué: dibujaremos
flores.
- ¡Bieeeen!,
pensó el niño. Le encantaban las flores, así que cogió sus lápices de colores y
comenzó a dibujar flores rosas, azules, amarillas, con y sin olor, con pinchos
y sin pétalos.
- Espérense, yo les diré cómo. Y la
profesora pintó en la pizarra una flor roja con el tallo verde.
El niño pequeño pintó su flor
roja con el tallo verde. Las suyas le gustaban más, pero no dijo nada.
Al día siguiente la profesora
dijo:
- ¡Hoy vamos a modelar con plastilina!
- ¡Bieeeen!,
pensó el pequeño, porque a él le encantaba modelar con plastilina. Modelaría
perros, gatos, liebres y hasta un cofre del tesoro. Modelaría bicicletas, calabazas,
princesas y hasta un cochinillo con una chi.
- Espérense, yo les diré qué. Modelaremos
platos.
- ¡Bieeeen!,
pensó el pequeño. Le gustaban los platos, así que cogió su plastilina y comenzó
a modelar platos planos, triangulares, circulares y hasta con forma de rombo.
- Espérense,
yo les diré cómo. Y modeló un plato hondo.
El niño pequeño modeló su plato
hondo y aunque los suyos le gustaban más, no dijo nada.
El tiempo pasó y la familia del
niño pequeño tuvo que marcharse a otra ciudad, por lo que apuntaron al niño en
otra escuela. Esta escuela era grande y tenía cuatro paredes, muchos pupitres
con sus sillitas y hasta una gran pizarra con tizas de colores. La profesora no
era ni vieja ni joven, ni alta ni baja, ni guapa ni fea, y les dijo:
- Hoy vamos a dibujar.
El niño pequeño estaba
entusiasmado porque le encantaba dibujar, así que se quedó esperando. La
profesora comenzó a caminar entre los pupitres y cuando llegó al niño pequeño
le preguntó:
- ¿No te gusta dibujar?
- Claro,
claro, contestó el niño pequeño.
- Y ¿a qué estás esperando? Le replicó la
profesora.
- A
que usted me diga qué.
- ¡Pero cómo! Exclamó la profesora
asombrada. Si yo les dijera qué tienen
que dibujar no sabría cómo te gusta pintar ni quién hace qué.
Entonces, el niño pequeño agachó
su pequeña cabecita y lentamente dibujó una flor roja…con el tallo verde...
Ahora esta pequeña artista, que le encanta coger los colores, dibuja casitas perfectas con tejados a dos aguas, y no le gusta nada los borrones ni salirse de la linea.
![]() |
| Autora: Laura, con tres años en el 2011. |
Ahora esta pequeña artista, que le encanta coger los colores, dibuja casitas perfectas con tejados a dos aguas, y no le gusta nada los borrones ni salirse de la linea.

No hay comentarios:
Publicar un comentario