Hay un pueblo en el noroeste de Huesca, en la frontera con Navarra, a los pies de la sierra de Leire, muerto. Hace ya medio siglo, la gente que le daba vida, empezó a abandonarlo, no fue por una guerra, ni por cambios climáticos que dejaran sin recursos a la población, como tantas veces se ha dado en la historia, se fueron porque el Estado anegó sus tierras, no su pueblo sino sus tierras, con las aguas del río Aragón del que vivieron durante tantos siglos junto con otras poblaciones han almacenado toneladas de agua en el pantano de Yesa. Agua que no corre río muerto.
La tierra es tan compacta y solida que las casas construidas carecen de cimientos, pero a su vez esta presenta su doble cara, cuando cae sobre ella la luz del sol porque carezca de cultivo que le de sombra o se cuele entre las vigas de las cubiertas derruidas de las casas, la tierra se erosiona, el pueblo se deshace, el paisaje desértico crece.
Esco, Tiermas y Ruesta, pueblos históricos que no pueden seguir creando su presente.
A Evaristo Guellar y todos lo que recuerden Esco.
La tierra es tan compacta y solida que las casas construidas carecen de cimientos, pero a su vez esta presenta su doble cara, cuando cae sobre ella la luz del sol porque carezca de cultivo que le de sombra o se cuele entre las vigas de las cubiertas derruidas de las casas, la tierra se erosiona, el pueblo se deshace, el paisaje desértico crece.
Esco, Tiermas y Ruesta, pueblos históricos que no pueden seguir creando su presente.
A Evaristo Guellar y todos lo que recuerden Esco.
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