01 febrero, 2009

Giardino di Boboli ( I )

Existe en Florencia un gran palacio llamado Palacio Pitti, este esconde en sus espaldas un maravilloso jardín, Il Giardino di Boboli, en él te puedes perder horas y horas sin darte cuenta que ha pasado el tiempo, puedes descubrir rincones que imaginaste en libros y cuentos que ante tu mirada se hacen realidad. Ante todo, Boboli es un jardín que fue creado para el deleite.
Hace mucho, mucho tiempo, en el 1550, una princesa, llamada Elena de Toledo, mujer del gran Cósimo I de Medici, compró el palacio a la familia Pitti, junto con sus extensos jardines y huertas. Fue entonces, en el siglo XVI cuando se realizaron las reformas más significativas por parte de los artistas, ingenieros y arquitectos más importantes de la época, como por ejemplo Il Trobolo, Davide Fortini o el trascendente Giorgio Vasari.
También en este siglo se creó por el artista Ammannati, una gran hondonada en la colina que se extendía tras el palacio. Con la tierra y piedras que se sacaron de ella se realizaron las reformas del palacio y un nuevo patio coronado por una gran fuente. El hueco resultado en la colina se convirtió en Il Anfiteatro, núcleo armónico y vínculo entre el jardín y el palacio.


Vista del Anfiteatro y Palacio desde la Fuente de Neptuno.





Fuente de Neptuno.


De la fuente de Neptuno parte hacia el Este una amplia Vía que desciende flanqueada por cipreses y estatuas hacia el Embalse de la Isla – Bacino dell’Isola-.




Camino alternativo a la Via de Cipreses.


Bosque de Quercus.


Via de Cipreces.


Si es primavera o verano en ellas se exhibe una gran colección de cítricos exóticos, muchos son medicinales o simplemente decorativos, son curiosos por sus formas extrañas y es un magnífico ejemplo del Coleccionismo del siglo XVII, de los primeros estudios científicos y botánicos generados por la inevitable curiosidad y ambición del ser humano.

Bacino dell’Isola en cuyo centro se alza una fuente coronada por la alegoría del Oceano de Gianbologna .


Detalle de L'Isola.

Cuando llega el otoño estos cítricos son trasladados a un enorme invernadero llamado La Limonera - La Limonaia-. Por ello se entiende que estos árboles en vez de estar plantados en el suelo residan en grandes macetas de cerámica. Muchas de ellas conservan las firmas de sus autores y elementos decorativos que delatan su antigüedad, como escudos de los Medici o de los Habsburgo – Lorena, guirnaldas de frutas o flores, rosetas o cabezas de Medusa.

Al fondo, el invernadero de La Limonaia.



Detalle de la decoración cerámica, cabeza de Medusa.


Detalle de la decoración cerámica, girnaldas y rosetas.



Citrico llamado La mano de Buda.


Los Habsburgo- Lorena llegaron al palacio cuando ya se había extinguido la dinastía de los Medici en el siglo XVII. Ellos también realizaron importantes reformas acorde con la estética del momento como la ya nombrada Limonaia o la coqueta Kafeehaus, templete donde tomaban apaciblemente el té y disfrutaban de las increíbles vistas de la ciudad de Florencia que se extendían a sus pies.
Este esplendor solo duró hasta la llegada de Napoleón en el 1799, a partir de este momento solo sucedió la decadencia y abandono durante muchos años, pero eso es otra historia para otro capítulo.


Vistas de Florencia desde Kafeehaus. Iglesia de San Lorenzo.


Vistas de Florencia desde Kafeehaus. Iglesia de Santo Spiritu.


Recodo desde donde se descubre el Palacio Pitti.


Piazzale di Baco al atardecer.
Texto y fotografía, Laura Gordillo.

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