20 junio, 2013

El síndrome de la desilusión.

Es mármol, parece carne y piel. Obra de A. Canova. 

Sospecho que desde que acabé la carrera de Historia del Arte en el año 2006 vengo sufriendo un síndrome que en ocasiones me parece preocupante. Por ello he decidido, tras tanto tiempo, compartirlo.  Pudiéndose dar el caso de que alguien, como un  compañero o compañera de la carrera,  se identifique con estos síntomas y me acompañe en mi pesar.

Es sabido que en el mundo del Arte existen diferentes síndromes.  Como por ejemplo el Síndrome de Stendhal, que es con el que la persona que visita o contempla una obra de arte empieza a sufrir ante tanta belleza reacciones fisiológicas muy variadas, estas pueden  oscilar desde el sudor, el temblor de piernas y las nauseas hasta una felicidad incontenible. También existe el Síndrome de dependencia de salida, ese que sufrimos muchos guiris al querer ver enterito, sin perdernos nada, el Museo del Prado, el Museo del Louvre, la Tate Gallery etc. y es en estos lugares donde tras una hora y media empezamos a sentir que las piernas no nos sostienen, que los riñones nos duelen, que ya todas las pinturas son iguales,  y sin darnos cuenta comenzamos  a acelerar el ritmo de una forma inconsciente hasta encontrar la salida de tal mole cultural que nos oprime, para por fin poder descansar física y psiquicamente.

Para este último síndrome hay una fácil solución, elegir de antemano que es lo que más ilusión te hace ver, y si luego te sobra tiempo y sigues en buen estado puedes visitar algo más. Es preferible tener agradables recuerdos de  algunas obras de arte  que un batiburrillo mental y el mal recuerdo de la fatiga física.

Sin embargo la solución para el primer síndrome es simplemente no evitarlo, si te sucede eres afortunado o afortunada. Has entrado en contacto directo con la esencia de la Belleza, esto no ocurre todos los días. Embriágate.

Y entonces, ¿en qué consiste el Síndrome de la desilusión?.
Bueno, pues se podría decir que es lo opuesto al Síndrome de Stendhal. Sucede cuando te plantas ante una obra de arte o monumento del que has leído mucho o  has escuchado hablar bastante, y tras observarla durante unos minutos ... te quedas igual. Esta reacción te sorprende, por que cuando supiste de ella por vez primera,  viendo aquellas diapositivas o fotos, alucinaste, y pensaste que algún día la tendrías  que conocer en directo, a la vez que te preguntabas : Dios, ¿cómo se pudo crear tanta maravilla?. Y ahora que tras tantos años consigues llegar a verla, se da que ni sientes ni padeces. Estás desilusionada.

Posibles causas: La saturación de información. En la carrera y tras ella no paramos de consumir información de una forma cuantitativa y positivista que puede dañar gravemente nuestra capacidad de sorpresa.

Posible solución: No estudiar tanto. Se recomienda no agobiarte cuando te suceda esto reiteradas veces, es normal. Y sobre todo,  se aconseja disfrutar de las pequeñas cosas con las que sí que alucinas, sin reparo alguno.

A continuación  comparto algunas de las fotografías que realicé a unas obras de arte que me encogieron el corazón, en una ciudad que me desilusión: París. 

Supongo, que sus eternas avenidas de áticos de zinc y sus colosales monumentos me habrían impresionado en tercero de carrera, que era cuando yo estudiaba apasionadamente Arte Barroco y Neoclásico. Pero ahora, mi escala de valores es otra, y me pareció una ciudad incómoda y esteticamente aburrida. Pero eso sí, en los museos pude encontrar esos tesoros de la creación humana tan sencillos a la vez que enigmáticos.

Ahí va un poco de Antonio Canova. 1757-1822. Obras del Museo del Louvre, París.

Amor y Psique.


Amor y Psique.

Fotografía y texto de Laura Gordillo Ramírez.



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