| Es mármol, parece carne y piel. Obra de A. Canova. |
Sospecho que desde que acabé la carrera de Historia del Arte en el año 2006 vengo sufriendo un síndrome que en ocasiones me parece preocupante. Por ello he decidido, tras tanto tiempo, compartirlo. Pudiéndose dar el caso de que alguien, como un compañero o compañera de la carrera, se identifique con estos síntomas y me acompañe en mi pesar.
Es sabido que en el mundo del Arte existen diferentes síndromes. Como por ejemplo el Síndrome de Stendhal, que
es con el que la persona que visita o contempla una obra de arte empieza a
sufrir ante tanta belleza reacciones fisiológicas muy variadas, estas pueden oscilar desde el sudor, el temblor de piernas y las nauseas hasta una felicidad
incontenible. También existe el Síndrome de dependencia de salida, ese que
sufrimos muchos guiris al querer ver enterito, sin perdernos nada, el Museo del
Prado, el Museo del Louvre, la Tate Gallery etc. y es en estos lugares donde
tras una hora y media empezamos a sentir que las piernas no nos sostienen, que
los riñones nos duelen, que ya todas las pinturas son iguales, y sin darnos cuenta comenzamos a acelerar el ritmo de una forma inconsciente hasta
encontrar la salida de tal mole cultural que nos oprime, para por fin poder
descansar física y psiquicamente.
Para este último síndrome hay una fácil solución, elegir de antemano que es
lo que más ilusión te hace ver, y si luego te sobra tiempo y sigues en buen
estado puedes visitar algo más. Es preferible tener agradables recuerdos de algunas obras de arte que un batiburrillo mental y el mal recuerdo
de la fatiga física.
Sin embargo la solución para el primer síndrome es simplemente no evitarlo,
si te sucede eres afortunado o afortunada. Has entrado en contacto directo con
la esencia de la Belleza, esto no ocurre todos los días. Embriágate.
Y entonces, ¿en qué consiste el Síndrome
de la desilusión?.
Bueno, pues se podría decir que es lo opuesto al Síndrome de Stendhal.
Sucede cuando te plantas ante una obra de arte o monumento del que has leído
mucho o has escuchado hablar bastante, y
tras observarla durante unos minutos ... te quedas igual. Esta reacción te
sorprende, por que cuando supiste de ella por vez primera, viendo
aquellas diapositivas o fotos, alucinaste, y pensaste que algún día la tendrías
que conocer en directo, a la vez que te
preguntabas : Dios, ¿cómo se pudo crear tanta maravilla?. Y
ahora que tras tantos años consigues llegar a verla, se da que ni sientes ni
padeces. Estás desilusionada.
Posibles causas: La saturación de información. En la carrera y tras ella no
paramos de consumir información de una forma cuantitativa y positivista que
puede dañar gravemente nuestra capacidad de sorpresa.
Posible solución: No estudiar tanto. Se recomienda no agobiarte cuando te
suceda esto reiteradas veces, es normal. Y sobre todo, se aconseja disfrutar de las pequeñas cosas
con las que sí que alucinas, sin reparo alguno.
A continuación comparto algunas de
las fotografías que realicé a unas obras de arte que me encogieron el
corazón, en una ciudad que me desilusión: París.
Supongo, que sus eternas avenidas de áticos de zinc y sus colosales
monumentos me habrían impresionado en tercero de carrera, que era cuando yo
estudiaba apasionadamente Arte Barroco y Neoclásico. Pero ahora, mi escala de
valores es otra, y me pareció una ciudad incómoda y esteticamente aburrida. Pero eso sí, en
los museos pude encontrar esos tesoros de la creación humana tan
sencillos a la vez que enigmáticos.
| Amor y Psique. |
| Amor y Psique. |
Fotografía y texto de Laura Gordillo Ramírez.
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